Tecnología e IA
El primer paso: Un buen cerebro
Por Rolando Cabrera Libuy · martes 11 de agosto
La IA no viene a automatizar tu empresa. Viene a concentrar tu energía en lo que la hace valiosa —y para eso, antes que cualquier herramienta, tienes que capitalizar lo que ya sabes.
Cuando converso con empresarios o con personas que trabajan en empresas sobre IA —y me tocan muchas de esas conversaciones—, la primera reacción de las organizaciones suele ser sensata y, a la vez, muy peligrosa.
Sensata porque en el corto plazo ayuda a capturar pequeñas mejoras: redactar mejor un correo, dejar más presentable una presentación, resumir una reunión —tareas que tomaban varios minutos, a veces horas, y que ahora toman unos pocos. Peligrosa porque estamos usando una tecnología capaz de cambiar la naturaleza de nuestro trabajo para hacer, apenas un poco más rápido, el mismo trabajo de siempre.
Se suele comparar esta revolución con la de la electricidad y con cómo transformó las industrias. Pero lo que veo hoy es que apenas estamos poniendo ampolletas en la fábrica: mejoramos la iluminación y contratamos proveedores que nos ayudan con la eficiencia, mientras esperamos "algo más" para capitalizar la oportunidad. Y hay una diferencia enorme con aquella época: cuando llegó la electricidad, lo que de verdad movió la aguja no fue iluminar la fábrica, sino rediseñarla por completo —y eso tardó décadas, porque acceder a máquinas y proveedores era lento y escaso. Hoy muchas de esas soluciones están a un par de clics y a un tutorial de distancia. El desfase se acortó; la ventana para reaccionar, también.
El upside está en el valor del negocio, no en las tareas de apoyo
Hoy estamos distrayendo a los líderes de lo importante. Dejamos espacio en la mesa para discutir cómo un analista puede enviar mejor un correo, en vez de pensar cómo capturar más valor para los clientes de forma sostenible. Si nuestros líderes pasan los comités de tecnología discutiendo automatizaciones y no lo esencial, pueden estar perdiendo una ventaja estratégica.
Un ejemplo notable es el de ODD Industries, la empresa de inteligencia artificial fundada por Leo Prieto que Arauco adquirió en 2020. La forestal entendió que uno de sus principales activos es su patrimonio de bosques, y sumó la visión computacional e IA de ODD a su tecnología LiDAR para censar y medir esos bosques con mucha más precisión, al servicio de una silvicultura más sostenible.
En ese caso, la tecnología no solo hace más eficiente una tarea: permite entender mejor el comportamiento del propio activo y, con eso, tomar decisiones que pueden transformar y adaptar el negocio hacia un futuro más próspero. El mismo Leo Prieto llevó después esa mirada aún más lejos con Lemu, su empresa de datos de biodiversidad, que incluso puso en órbita un satélite para observar la naturaleza.
Ahora bien, suena a un ejemplo sofisticado y difícil de alcanzar. Para una empresa más pequeña o con menos recursos, se puede partir por algo más modesto e igual de poderoso: consolidar el conocimiento que ya existe en un cerebro —con memoria, decisiones y agentes que ayuden a ejecutar mejor el trabajo.
Esto permite profundizar el conocimiento interno y aprovecharlo al máximo, y también automatizar algunas tareas que no son esenciales pero igual hay que hacer.
Si le pidiéramos a nuestros equipos que dibujaran un gráfico de torta de a qué dedican su tiempo, y marcaran qué se puede automatizar u optimizar, sin duda encontrarían buenos agentes que les faciliten el trabajo. Pero ese es solo el primer paso.
El segundo, y mucho más relevante, es cómo ponemos ese talento, esa energía y esa pasión al servicio de un propósito y del negocio mismo, para hacerlo más competitivo y sostenible. Porque hay una verdad casi absoluta: quien aporta valor y contribuye a mejorar el negocio tiene mucho más sentido dentro de la organización que fuera.
La invitación no es a dejar de automatizar ni a renunciar a esas ganadas rápidas. Es a entender que esas capturas llegan muy rápido, y que si no logras capitalizar el avance, vendrán las generaciones que se criaron con IA —sin miedo, viendo como algo normal que una persona cree una empresa millonaria desde su habitación.
Y no hay que mirar a Silicon Valley para verlo. El chileno Ian Lee —el primer Thiel Fellow del país— lanzó Nexor junto a Gabriel Cid y, con puros agentes de IA y un equipo mínimo, facturó alrededor de US$340 mil en seis meses, con Andreessen Horowitz respaldándolo. Esa es la nueva vara con la que vas a competir. Y no será un caso aislado: la misma tecnología que tú usas para pulir tu operación actual está en manos de gente que no tiene operación actual que pulir.
Van a llegar unos cabros chicos —veinteañeros con buenas ideas, coraje y cero nostalgia por cómo se hacían las cosas— que con puros agentes e IA van a montar, en meses, algo que a ti te tomó años. No cargan con estructura pesada, ni con procesos heredados, ni con capas que existen solo por inercia. Compiten livianos. Y si tu empresa es un negocio tradicional con una capa de IA encima para ir más rápido, pero por dentro sigue siendo cara, lenta y desordenada, vas a quedar off side: mejor que ayer, y aun así atrás.
Las personas con experiencia, sin embargo, tienen algo que ellos no tienen: años de criterio, de errores caros ya pagados, de relaciones y de contexto. Esa es la principal barrera de entrada. El problema es que hoy ese activo vive disperso en cabezas y conversaciones —y por lo tanto la IA no lo puede usar, y el día que esas personas no estén, se va con ellas. Un foso que no está escrito no es un foso: es un recuerdo.
Por eso, primero el cerebro
Aquí está el punto práctico, el que de verdad importa. Antes de automatizar nada, antes de enchufar el primer agente, lo primero es capitalizar todo tu conocimiento y tu aprendizaje en un cerebro: una memoria de la organización, consultable y viva, donde estén las reglas con las que realmente operas, las decisiones y su porqué, y lo que aprendiste a los golpes y no quieres volver a aprender.
Capturar eso es lo que convierte tu experiencia en una ventaja que la IA puede amplificar, en vez de un activo que se evapora. Y tiene un efecto de segundo orden que es el más valioso: para escribir el cerebro estás obligado a mirar tu negocio de frente y decidir qué es esencia y qué es accesorio —qué merece tu energía y qué merece automatizarse. Sin ese paso, "aplicar IA" es ponerle un motor nuevo a un auto sin dirección: más rápido hacia donde no sabes.
El orden es exactamente el inverso al que promete el entusiasmo. No "instala IA y verás". Primero capitaliza tu conocimiento en un cerebro; con eso, distingue y concentra tu esfuerzo en la esencia del negocio; y recién ahí automatiza y simplifica lo accesorio, para competir liviano contra los que ya nacieron livianos.
La pregunta con la que cierro no es cuánto puedes automatizar. Es esta: si mañana llegara alguien con un equipo de agentes a hacer tu negocio desde cero, ¿qué tendrías tú que no se pueda copiar en un fin de semana —y lo tienes escrito en algún lado, o vive solo en tu cabeza?
Fuentes y para leer más
La electricidad como analogía de la IA. El historiador económico Paul David mostró que la electricidad estuvo disponible desde ~1880, pero la productividad no despegó hasta los años 1920, porque hubo que rediseñar las fábricas —no solo cambiar la fuente de energía. Es la base del "productivity paradox".
Paul David, The Dynamo and the Computer (1990) — gwern.net/doc/economics/automation/1990-david.pdf
Brynjolfsson, Rock & Syverson, The Productivity J-Curve (NBER, 2018) — nber.org/papers/w25148
AEI, How AI Is like That Other General Purpose Technology, Electricity — aei.org/economics/how-ai-is-like-that-other-general-purpo…
ODD Industries, Arauco y Lemu (Leo Prieto). Arauco adquirió la propiedad mayoritaria de ODD Industries en diciembre de 2020, combinando su IA con LiDAR para silvicultura sostenible. Lemu es un emprendimiento posterior y distinto de Prieto, enfocado en datos de biodiversidad.
Comunicado oficial de Arauco — arauco.com/chile/arauco-adquiere-propiedad-mayoritaria-de…
La Tercera / Pulso — latercera.com/pulso/noticia/arauco-adquiere-propiedad-may…
Emol, sobre Lemu y su satélite — emol.com/noticias/Economia/2024/08/22/1140399/leo-prieto-…
Fundadores jóvenes construyendo con IA. Ian Lee, chileno y primer Thiel Fellow del país, fundó Examedi a los 18 y hoy lidera Nexor (agentes de IA, con Gabriel Cid), respaldada por a16z y con ~US$340K facturados en seis meses.
Diario Financiero, Nexor, la nueva startup de Ian Lee debuta con inversión de Andreessen Horowitz — df.cl/df-mas/punto-de-partida/con-inversion-de-andreessen…
El Ecosistema Startup, Nexor factura US$340K en 6 meses con agentes de IA — ecosistemastartup.com/nexor-factura-us340k-en-6-meses-con…
El Podcast de Nico Orellana, entrevista a Ian Lee (#160) — open.spotify.com/episode/4Ki4S890Y9G45PtFBtPCmx
CB Insights, startups de agentes de IA por ingresos — cbinsights.com/research/ai-agent-startups-top-20-revenue